Santos Mercedarios

San Pedro Nolasco - San Ramón Nonato - Santa María de Cervellón - San Serapio
San Pedro Armengol - San Pedro Pascual - Beata Mariana de Jesús
Pedro Nolasco nació entre los años 1180 y
1182 en Francia, en el pueblo de Mas de las Santas Puellas, entre Toulouse y
Carcassonne, en la región del Languedoc, procedente de una familia cristiana.
Sus padres debieron llamarse Guillermo y Teodora y habrían sido nobles o, lo más
seguro, mercaderes. No se tienen mayores datos acerca de su infancia y
adolescencia.
No se sabe exactamente la edad en que Pedro quedó huérfano; algunos aseguran que
perdió a su padre cuando tenía poco más de 15 años. Otros hablan de 20 y algunos
de 25 años. La muerte de su madre acaeció inmediatamente después de la de su
padre.
Para escapar del influjo de los herejes, emigra a Cataluña y su presencia en
Barcelona se detecta con suficiente seguridad en el año 1203, cuando tenía cerca
de 20 años.
En Barcelona, Pedro Nolasco nace por segunda vez. Es allí donde brota su
vocación singular: dedicarse a la liberación de los cristianos caídos como
esclavos en manos de los moros.
En aquellos años, algunos territorios españoles aún viven bajo la invasión
musulmana y uno de los efectos más llamativos de ella es sin duda la esclavitud.
Los esclavos cristianos en manos de los musulmanes, y los de otras religiones
también, recibían el nombre de cautivos y se les sometía a toda clase de
servicios duros y humillantes. La condición de cautivo se asemejaba a la de un
animal u objeto en manos de un amo.
Pedro Nolasco, por su condición de mercader, conoce esta trágica situación y
sabe que una de las maneras de liberarlos es a través del pago de un rescate.
Por ello, no duda en vender todas sus pertenencias. Su gesto, a pesar de la
reserva y humildad con que lo realiza, no pasa inadvertido y algunos jóvenes lo
imitan. Juntos hacen diversas redenciones, liberando a prisioneros cristianos a
cambio de dinero (algunos hablan de miles de cristianos liberados por Pedro y
sus amigos, aunque es imposible precisarlo).
Los fondos aportados por todos se agotan y maduran la idea de pedir limosna para
ese fin específico, convencidos que sólo cuando se ha dado todo, se puede
empezar a pedir. Viajan por diversos pueblos y ciudades, no sólo recogiendo
dinero sino sensibilizando a la gente sobre la situación de los cautivos.
Comprometen la cabeza y el corazón de las personas y no sólo sus bolsillos,
convenciéndolas que la liberación de los cristianos es algo que incumbe a toda
la comunidad.
Presionado por la urgente necesidad de su tarea redentora, y viéndose sin
dinero, se dice que más de una vez concibió el proyecto de venderse a sí mismo
para liberar a los cautivos.
En la noche del 1 al 2 de agosto de 1218, cercano a los cuarenta años, Pedro
Nolasco tiene una fuerte experiencia espiritual. La Virgen María se le aparece,
para orientarlo y avalarlo en su tarea de liberación. Por ello debe organizarse,
estructurando mejor la empresa redentora, y concibe la idea de fundar una orden
religiosa: la Orden de la Merced.
La Fundación de la Orden se realiza el día 10 de agosto de 1218 en la catedral
de Barcelona, dedicada a la Santa Cruz y a Santa Eulalia, en ceremonia abierta,
con testigos del pueblo, del reino de Aragón y de la Iglesia.
Nolasco y sus amigos hacen profesión de redentores; el rey Jaime Primero de
Aragón les arma caballeros y el obispo don Berenguer de Palou acepta su
consagración como religiosos y les impone el hábito blanco. De esta manera se
consagra a Dios, para consagrarse mejor a los hombres.
Pedro Nolasco se puso a la cabeza de la nueva familia religiosa, que después
tomó el nombre de "Santa María de la Merced para la redención de los cautivos" y
se impuso un ordenamiento jurídico semejante al de las órdenes de caballería y
militares, aunque diferenciándose claramente de ellas en el espíritu, la
finalidad y los medios.
El fin específico de la Orden se fijó en la "visita y redención" de los cautivos
cristianos, selladas con el Cuarto Voto de redención, por el cual el Mercedario
se compromete a dar la vida, si es necesario, por la libertad del cautivo en
peligro de perder su fe. El Rey Jaime I asignó a los frailes de la Merced, como
primera residencia, el viejo hospital de Santa Eulalia, vecino al palacio real.
Más tarde, en 1243, se instalan en su nueva sede.
Pedro Nolasco tiene la alegría de ver aprobada su Orden por el Papa Gregorio IX
mediante la bula Devotionis Vestrae, el 17 de enero de 1235. Una gran fecha para
la vida y para la historia Mercedaria.
La fecha más comúnmente aceptada de su muerte es el 13 de mayo de 1249. A esa
fecha la Orden contaba con unos cien hermanos religiosos.
La herencia redentora de Pedro Nolasco quedó fijada en las Constituciones de la
Orden de 1272, que constituyen una especie de carta magna de la liberación
Mercedaria.
Pedro Nolasco fue proclamado beato en 1628. Finalmente, el 11 de junio de 1664,
gracias al Papa Alejandro VII, pasó a ser considerado santo a todos los efectos.
Las incertidumbres históricas referentes al nacimiento, nacionalidad y muerte de
Pedro Nolasco no tienen mayor importancia. Lo que realmente importa es que haya
aparecido en el panorama cristiano un hombre como él y que haya dejado una señal
que continúa dentro de nosotros.
Pedro Nolasco, el Mercedario, nos recuerda que el camino del hombre pasa a
través de su libertad. Y la libertad tiene un precio que no es el de las
palabras sino el del espíritu.
La
Fiesta de San Pedro Nolasco, Fundador de la Orden de la Bienaventurada Virgen
María
de la Merced, se celebra el día 6 de mayo.

Nació en Portell, en las cercanías de
Barcelona, España, en el año 1200. Sus padres eran descendientes de la antigua y
noble casa de los Vizcondes de Cardona. Según la tradición fue extraído del
vientre de su madre fallecida horas antes, es decir, se trataría de la primera
operación cesárea que se registra en los anales de la obstetricia. Debido a ello
el pueblo le dio el apodo de "Nonato" (no nacido), que con el tiempo se
convirtió en su apellido y que él nunca cambió.
No se tienen mayores datos acerca de su niñez y adolescencia. En el año 1221
ingresó en la Orden de la Merced, fundada tres años antes, en 1218, y entabló
con Pedro Nolasco una relación de profunda amistad.
Ya como sacerdote dejó oír su voz de gran predicador, recorriendo las ciudades y
pueblos de Cataluña, hablándole a la gente en su lenguaje simple, pero profundo.
Su palabra y, sobre todo, su testimonio de vida, atraían a las personas y
aquellos de mala vida se rendían a su elocuencia, volviendo a tomar el camino
del bien.
Nombrado redentor, recorrió Valencia y Argel. En este último lugar, en 1226,
logró liberar a 140 cautivos. mientras se reunía el dinero para el rescate se
quedó como rehén de los musulmanes, sosteniendo la fe de los muchos que allí
quedaban y que estaban en serio peligro de perderla. Cumplida la misión volvió a
Barcelona, donde fue recibido con jubilosas muestras de afecto por todo el
pueblo.
En 1229, en África, libera a 150 cautivos y luego en Bujía, el año 1232, libera
a 228. En esos lugares discutía públicamente con los judíos, terminando por
convertirlos al cristianismo no sólo a ellos, sino a los moros que observaban la
discusión.
El año 1239 realizó su última redención. Unos dicen que en Túnez, otros que en
Argel. Allí se quedó también como rehén y aprovechaba la poca libertad que tenía
para predicar en los lugares concurridos, de tal suerte que convirtió y bautizó
a un gran número de musulmanes y judíos.
Su figura, aún en ese ambiente hostil,
ejercía una atracción a la que era difícil sustraerse. Sus verdugos, para evitar
que convirtiera al cristianismo a sus carceleros, le practicaron dos orificios
en los labios con un hierro candente y le pusieron un candado en la boca, el
cual abrían sólo para darle agua y pan, su único alimento. En esas condiciones
soportó ocho meses de prisión y de varias torturas, hasta que Pedro Nolasco
logró entregar la suma del rescate y liberarlo.
El Papa Gregorio IX le demostró toda su admiración haciéndolo cardenal en el año
1279, con el título de San Eustaquio, y lo llamó a su lado como consejero.
Ramón Nonato murió en Cataluña, en Cardona, el último domingo de agosto del año
1240, precediendo por muchos años en la tumba a Pedro Nolasco, su gran amigo y
consejero.
En el año 1625 se aprobó el culto inmemorial que le tributaban en la capilla de
San Nicolás de Portell, lugar de su extraordinario nacimiento, y en el año 1677
su fiesta fue extendida a toda la Iglesia-
Se le atribuyen numerosos milagros, ya sea en vida o después de su muerte y, lo
que es enteramente cierto sin que exista ninguna duda al respecto, es que a
imitación de su maestro, San Pedro Nolasco, pasó por el mundo haciendo el bien a
todos los pobres.
Se le considera protector de las embarazadas, patrono de la vida, de las
matronas y de todos aquellos que intentan hacer nacer hombres libres.

Nació en Barcelona, España, el 1 de diciembre
de 1230. De noble familia, sus padres la educaron en la vida cristiana y en el
ejercicio de la caridad. Su madre la guiaba en las visitas a los hospitales y a
los pobres, a los que ella trataba de ayudar de la mejor forma posible.
De una rara belleza, no sólo física sino también espiritual, fue pretendida por
varios jóvenes nobles y estimulada al matrimonio por sus parientes, pero ella,
guiada por el sacerdote mercedario Bernardo de Corbera (Beato de la Orden)
decidió consagrarse al Señor vistiendo el hábito Mercedario el año 1260.
Aunque continuó viviendo con su familia, según lo establecía la Orden, llevaba
una vida retirada, dedicando su tiempo a la oración y a las obras de caridad. Su
ejemplo fue seguido por otras mujeres que quisieron imitar su estilo de vida.
Cuando murió su padre, María convenció a su madre para que se trasladaran desde
la suntuosa casa que habitaban a otra más humilde y pobre, vecina al convento de
la Merced, donde vivieron casi cinco años.
En el año 1265 murió su madre y ella, después de entregar todos sus bienes para
la redención de los cautivos, se dedicó a una vida aún más mortificada y
fervorosa.
Junto a las mujeres que habían imitado su ejemplo de vida se presentó a Fray
Bernardo Corbera y éste, autorizado por los superiores de la Orden, instituyó
para ellas una vida en común que comenzaron el 25 de marzo de 1265, después de
pronunciar en la Iglesia de la Merced los votos de pobreza, obediencia y
castidad, a los cuales añadieron una promesa especial de trabajar por la
redención de los cautivos.
De esa manera superaron el estados de simples devotas y dieron inicio a una
verdadera vida religiosa Mercedaria siendo María la principal animadora.
Intensificó su vida con más penitencia, oración y caridad, rezando
principalmente por los navegantes y, de modo especial, por los religiosos
redentores de la Orden expuestos a las tempestades y a los piratas en sus largos
viajes al Africa para redimir cautivos.
La tradición habla de numerosos milagros efectuados durante ese tiempo, salvando
a muchos navegantes de una muerte segura, razón por la cual el pueblo le dio el
nombre de María del Socorro.
Su caridad se volcó visitando a los enfermos, ayudando a los médicos en sus
curaciones y hacia los cautivos liberados, muchos de ellos postrados física y
moralmente. A ellos no sólo les devolvía la salud del cuerpo, sino que además
hacía resurgir en sus almas la fe olvidada.
María murió en Barcelona el 19 de septiembre de 1290 y fue sepultada en la
iglesia de los Mercedarios, lugar donde se conserva su cuerpo incorrupto.
Su culto fue confirmado por el Papa Inocencio XII el 15 de febrero de 1692.
Aunque no se sabe con certeza cual fue la primera mujer recibida por la Orden de
la Merced, sin duda la más importante de ellas y por tanto la fundadora de las
monjas Mercedarias, fue Santa María de Cervellón.

Serapio Scott, de origen anglosajón, nació
por el año 1179 en las Islas Británicas.
Como soldado del Rey Ricardo Corazón de León fue dos veces a Tierra Santa, en la
tercera y la quinta Cruzada. En el año 1212 viaja a España con el archiduque
Leopoldo de Austria, para ayudar al Rey Alfonso en la guerra santa contra los
moros.
Aproximadamente en 1220 fue destinado para acompañar a Beatriz de Suecia a
España, quien iba a contraer matrimonio con Fernando de Castilla. Allí se
estableció y conoció la Orden de la Merced, a la cual ingresó en1222.
Fue nombrado redentor en 1225 y realizó varias redenciones en algunos
territorios invadidos por los musulmanes. En una de ellas, el año 1240, quedó
como rehén, dispuesto a cumplir el cuarto voto de la Orden: "Quedarse en
rehenes; dar la vida si fuere necesario".
El dinero del rescate no llegó a tiempo y el Rey de Algeria, su captor, ordenó
que le crucificaran y le arrancaran las vísceras estando aún con vida, con el
fin que renunciase a su fe cristiana.
Fue un religioso de extraordinaria santidad y virtud, ejemplar en la práctica de
la abstinencia, fervoroso en la oración y dotado de ardiente caridad en la
redención de los cautivos.
El culto que se le ha tributado como mártir fue confirmado el 14 de julio de
1728 y el 21 de agosto de 1743 se le inscribió en le Martirologio Universal de
la Iglesia Católica.
La Orden Mercedaria lo considera Patrono de los Enfermos. En San Serapio se
valora la vida consagrada Mercedaria sin el orden sacerdotal.

Pedro Armengol, vástago de la familia de los
condes de Urgel, nació en Guardia del Prats, Tarragona, España, en 1238. Tuvo
una infancia tranquila, aunque quedó huérfano de madre cuando todavía era
pequeño. Muy joven cayó en las redes de la mala vida, situación que lo llevó a
abandonar a su familia y dedicarse al bandolerismo. Al mando de un grupo de
forajidos sembró el terror en ciudades y pueblos, hasta que en una de sus
correrías fue apresado por su propio padre, que era jefe de una de las unidades
de los reales ejércitos de Aragón. Este hecho lo conmovió profundamente y
decidió cambiar de vida.
Sometido a juicio, fue indultado por el Rey Jaime I de Aragón y después de
solicitarlo varias veces, logró ser admitido en la Orden de la Merced.
Una vez ordenado fraile, fue nombrado redentor y le correspondió viajar varias
veces al Africa y a Andalucía para liberar a los prisioneros cristianos que
estaban cautivos de los musulmanes.
En el año 1266 logró liberar a unos prisioneros en la ciudad de Bugía, con la
condición de quedarse él como rehén mientras se reunía el dinero para el
rescate. Debido a que el estipendio fijado no llegó dentro del plazo
establecido, los musulmanes lo colgaron de un árbol, pero fue salvado por un
milagro de la Santísima Virgen que lo mantuvo con vida varios días, hasta que
otro fraile llegó con el dinero del rescate. Cuando su compañero reclamó el
cadáver de Pedro Armengol, se encontró con la sorpresa de que éste aún vivía.
Como testimonio de su martirio, conservó siempre el cuello torcido y el rostro
macilento hasta el fin de su vida.
De regreso a España, Fray Pedro Armengol vivió algunos años en la Casa Madre en
Barcelona, retirándose luego al convento de Santa María dels Prats, donde en
1304 finalizó santamente sus días.
Los papas Urbano VIII, el 3 de marzo de 1626 e Inocencio XI, el 8 de abril de
1687, confirmaron su culto inmemorial.
En su homenaje, una de las obras más importantes de la Provincia Mercedaria de Chile lleva su nombre: los Hogares San Pedro Armengol de Victoria, Santiago y la Fundación destinada para los mismos, para servir a muchos niños y jóvenes que se encuentran en situación inhumana y, por lo tanto, en serio peligro de perder su fe.

Nació en Valencia, España, en ese momento en
poder de los musulmanes, hacia el año 1227 y murió en la misma ciudad en el año
1300.
No hay mayores datos sobre su niñez y adolescencia. Sólo se sabe que, iniciada
su carrera eclesiástica, fue a perfeccionar sus estudios a París, doctorándose
en la Sorbona. De regreso a España se hizo religioso Mercedario y se dedicó a la
redención de los cautivos. En esa época hizo gran amistad con el príncipe Sancho,
hijo del Rey Jaime I de Aragón.
Era abad de San Miguel de Trasmiras cuando, encontrándose en Roma, el Papa
Bonifacio VII lo eligió Obispo de Jaén, el 13 de febrero de 1296. El 20 de
febrero de ese año fue consagrado por el Cardenal Acquasparta en la capilla de
San Bartolomé de la isla tiberina en Roma.
Cuando realizaba la visita pastoral a su diócesis cayó en manos de los
musulmanes, permaneciendo cautivo cerca de tres años. En las mazmorras de
Granada escribió varias obras para defender la fe católica contra los musulmanes
y los judíos, y para mantener viva la esperanza de los cristianos que estaban
cautivos junto a él. Entre ellas se encuentran "Glosa a los Diez Mandamientos",
"Glosa al Padre Nuestro", "Biblia Pequeña" y "Vida de Cristo" De su "Glosa al
Padre Nuestro" se dijo… "es, tal vez, el primer comentario ascético-místico que
se redactó en nuestra patria y uno de los monumentos más bellos de la literatura
medieval".
Basta analizar sus escritos para evidenciar, sin ninguna duda, su condición de
Mercedario. Es destacable, sobre todo, se defensa de la Inmaculada Concepción de
María, cosa muy normal en la Orden Mercedaria.
Después de muchos sufrimientos, el 6 de enero de 1300 fue decapitado por los
musulmanes, aún vestido con los ornamentos con que había celebrado la Santa
Misa.
Sepultado en la catedral de Baeza, su sepulcro ganó celebridad por las gracias
que el Señor concedía por su intercesión. Su culto inmemorial fue confirmado por
la Iglesia en 1670 y su canonización se llevó a efecto en 1675.

Mariana de Jesús nace en Madrid el 17 de
enero de 1565; sus padres, Luis Navarro y Juana Romero la hicieron bautizar
cuatro días después de su nacimiento. Cuando Mariana tenía nueve años perdió a
su madre quedando a cargo de sus cinco hermanos pequeños junto a su padre, quien
contrae al tiempo después nuevo matrimonio lo que atrajo a Mariana muchos
sufrimientos. A la edad de 23 años padre y madrastra quieren imponerle
matrimonio para deshacerse de ella, mas ella renuncia a tal propuesta y se
consagra a Dios, pues ya había elegido Esposo. No le fue fácil convencer de esta
su libre decisión; debió luchar contra su pretendiente, llegando a cortar su
cabello por sus propias manos para desanimarlo.
Hecha la opción por seguir a Jesucristo, Mariana se entregó a la oración y a la
vida retirada, lejos de las preocupaciones familiares y del mundo. No le fue
nunca fácil. En este camino necesitó de la ayuda de sus confesores y director
espiritual. Debió sufrir grandes aflicciones espirituales al no ser comprendida
por su primer director espiritual, el padre Mercedario Fr. Antonio del Espíritu
Santo. El mismo confesor le recomendó buscar a otro, cosa que aconteció en el
Santuario de la Virgen de los Remedios en Madrid; el Mercedario Fr. Juan
Bautista González fue su confesor hasta la muerte de Mariana. Ella misma ha
dejado memoria de la ayuda y sabiduría de este santo religioso, fundador de los
Mercedarios Descalzos y conocido como Fr. Juan Bautista del Santísimo
Sacramento. Este confesor y director espiritual supo comprender y guiar el
espíritu de Mariana por la senda de la santidad imitando al Divino Maestro.
Mariana de Jesús sobrellevó un gran calvario físico y espiritual y, una vez
liberada de la tutela paterna, ubicó su residencia al lado del convento de los
Mercedarios ya que por sus limitaciones de salud física, no podía profesar como
religiosa. Es Mariana un excelente modelo de santidad laical en la Orden de la
Merced.
Supo descubrir en sus aflicciones físicas también un camino para la santidad.
Desde su pequeña casa atendió las necesidades de los pobres y enfermos, cosa que
no le impidió dedicarse al cultivo de la piedad hacia la Santísima Virgen y al
Santísimo Sacramento con el cual mantenía su unión fecunda y constante.
Comprendió Mariana que a Cristo Sacramentado le agrada más estar en los
corazones de los fieles y no tanto en los hermosos sagrarios, porque éstos no
aman como lo puede hacer el corazón humano. Cultivó la unión amorosa de día y de
noche con el Señor en la Eucaristía.
Mariana fue admitida a la profesión como terciaria Mercedaria en 1616, después
de haber superado las dificultades de su salud física y las congojas de su
espíritu. De esta manera, Mariana asumía el camino de la espiritualidad
redentora Mercedaria tan acorde con los sufrimientos que llevaba en su cuerpo
desde pequeña.
El milagro de la Beata Mariana es sorprendente. Su cuerpo estaba debilitado por
causa de los males que sufría. Murió el 17 de abril de 1624. Su cuerpo
permaneció dos días para que los fieles pudieran demostrarle su postrer
homenaje. El cuerpo de Mariana permanece incorrupto y flexible. Ha sido sometido
a análisis médicos y la constatación es la misma: el cuerpo de Mariana está
incorrupto y flexible. El 18 de enero de 1783, el Papa Pio VI la declaró Beata y
la fiesta de su beatificación se celebró en el Vaticano el 25 de mayo de 1783.
Al cumplirse 300 años de su muerte en 1924 nuevamente se examinó su cuerpo
encontrándoselo incorrupto y oloroso. En 1965, al celebrar los 400 años del
nacimiento de Mariana, se vuelve a constatar lo mismo.

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